domingo, 27 de marzo de 2011

SALUD Y MASCULINIDAD



TERCERA COLABORACIÓN RADIAL
ESPACIO DES-GENERADO
RADIO UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA EN COLOTLÁN- CUNORTE

Este espacio es DES-GENERADO. El prefijo DES denota negación o inversión del significado. En cuanto al género trata del análisis de comportamiento de mujeres como de hombres. Me permito ahora, no hablar de mujeres.
Hoy, me dedicaré a hablar de los hombres, desde estudio de las masculinidades.
Estas publicaciones son muy recientes. Algunos de los autores dicen que una masculinidad superiorizada no sólo oprime a las mujeres sino al conjunto de hombres subordinados.
Sorprendentemente, quienes fueron los primeros en hacerse los planteos sobre la identidad masculina son los hombres gays.
En México existe un modelo masculino de poder, se presenta al varón como dominante y esto tiene que ser agüe “lita de Batman”. Si eres hombre y no te adaptas a ser dominante, el grupo te rechaza o te sanciona con apelativos tales como: mandilón, cobarde o “niña”. Lo interesante, es que esto, es invisible o negado parcial o totalmente, sobre todo por los propios hombres.

Esta postura afecta, entre otros ámbitos, al cuerpo y la salud masculina, que dista bastante del mismo concepto que existe entre las mujeres.

La salud en el trabajo masculino presenta una gran contradicción. Luchan por reivindicaciones para la mejora de las condiciones de vida y hasta se acepta pagos extra por trabajos que impliquen riesgo, pero a la hora de aceptar medidas de seguridad y de higiene ocupacional, aparece una desaprobación. Se niegan a ponerse cascos, hacerse chequeos de salud, entre otros; porque el autocuidado no es masculino.

«Todo por servir se acaba». Es una frase que frecuentemente se escucha referida tanto a objetos y maquinaria como al cuerpo masculino.
En general, el autocuidado, la valoración del cuerpo en el sentido de la salud, es algo casi inexistente en la socialización masculina. Al contrario, el cuidarse o cuidar a otros aparece como un rol netamente femenino, salvo cuando se es médico y se decide sobre la salud ajena.

Los hombres hablan de «el» cuerpo y no de «mi» cuerpo.
A modo de ejemplo, los jóvenes, y los no tan jóvenes, acuden a los prostíbulos o a la pesca mujeres para llevar una vida sexualmente activa, y muchos no usan condón con el argumento “no me gusta comer la paleta con envoltura”. ¿Esto, acaso, no es una acción irreflexiva y temeraria que contribuye a la falta de auto-cuidado?
Hay una «tríada de la violencia» donde el varón puede ser factor de riesgo en, al menos, tres sentidos:
• Hacia la mujer (y a niñas y niños): a través de los diversos tipos de violencia y abuso, la fecundidad impuesta, la paternidad ausente...
• Entre hombres: por medio de accidentes, peleas, pandillas, homicidios, lesiones...
• Y para el hombre mismo: mediante el suicidio, el alcoholismo y otras adicciones, así como las enfermedades psicosomáticas. Se puede incluir aquí las diversas formas de descuido del cuerpo; como no hacerse el examen prostático.

En los hombres, existe la búsqueda de riesgo como un valor de la propia cultura, reforzado por los medios masivos, especialmente en los jóvenes que se creen invulnerables.
Lo dicho hasta aquí se ve fortalecido con las dificultades que ellos tienen de verbalizar sus necesidades de salud: los hombres, en general no hablan de sus problemas de salud; porque constituiría una demostración de debilidad; de feminización frente a los otros y las otras. La imagen que ellos tienen de los servicios de salud; es que éstos son para ancianos, mujeres, niños o para enfermos. Y los varones consideran que no caen en ninguna de esas categorías, por lo tanto, les son ajenos.

Como conclusión, la salud y el autocuidado no juegan un rol central en la concepción que tienen ellos de sí mismos.

Nosotras, las mujeres, les pedimos que se alejen de esta postura tradicional. Nosotras queremos a la otra mitad de la humanidad; los necesitamos, los queremos vivos y se nos antojan sanos y felices. Nos gusta acompañarlos y que nos acompañen. Y sólo así, CON VIDA, podemos amarlos intensamente Y COMO ELLOS SE MERECEN.

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