
SEGUNDA COLABORACIÓN RADIAL
RADIO UNIVERSIDAD DE COLOTLAN- CUNORTE
Mañana 8 de marzo es el día internacional de la mujer. Por lo tanto y por más que me esfuerce es inevitable hablar de otro tema. Ojalá no fuera necesario que existiera el día de la mujer, ni el día del indio, ni el día de las personas con discapacidad.
Si vamos a la génesis debemos abordar, desde los conceptos, qué sucede en la actualidad. Por eso vamos a hablar de
MATRIARCADO
latín māter, «madre»,
griega archein, «gobernar».
El matriarcado fue una sociedad en donde el poder estaba equilibradamente distribuido entre las mujeres y los hombres.
Patriarcado, en tanto, es una condición sociológica en que los miembros masculinos de una sociedad predominan en posiciones de poder. Mientras más intensa sea esta posición, más probabilidades que uno se imponga sobre el otro, en este caso los hombres sobre las mujeres.
En los primeros milenios de la humanidad, existía el matriarcado. Hay vestigios de esto. En la organización matriarcal ambos géneros tenían igualdad tanto en la crianza, como en las labores cotidianas y en la recolección de alimentos.
Hace aproximadamente 10 mil años nace el patriarcado. Considerado el más cruel fundamentalismo y la mayor “fábrica de esclavas/os” de todas las épocas. Aquí se dividen las tareas de acuerdo a los géneros.
El patriarcado es el caldo de cultivo para terribles opresiones sobre las mujeres. Se crean las diferentes religiones, regímenes económicos y sistemas sociales regulatorios.
Con esa “nueva división del trabajo en el grupo humano”, los hombres se atribuyeron la propiedad privada de los bienes, siguieron con la apropiación el excedente de mercadería y la compra de esclavos.
Se instituye la pareja monogámica, que se diferencia de la época anterior donde existía el amor libre. Condenando a todas las mujeres a ser heterosexuales.
Se resignifican de los cuentos orales. Empiezan a ser cuentos de hadas con imágenes de mujeres románticas, que invierten los valores de la igualdad por la idea de la mujer como un ser abnegado que todo lo da, empieza a estar obligada a postergarse a sí misma para hacer felices a los demás.
Luego viene la apropiación del cuerpo de las mujeres y el control sobre la ciencia. No convenía que todos los seres humanos conocieran; porque de esta manera se corría el riesgo que tomaran conciencia y se revelaran, entonces ya no se iba a poder oprimir.
La invención del concepto de Dios y la sumisión de la mujer, son dos historias paralelas.
Hace unos 90 mil años atrás, una parte de la humanidad, comenzó a albergar la esperanza acerca de una hipotética supervivencia después de la muerte, pero la idea de la posible existencia de algún dios parece que fue aún algo desconocido hasta hace aproximadamente treinta milenios y, en cualquier caso, su imagen, funciones y características fueron las de una mujer productiva, frondosa y todopoderosa. La idea de la divinidad, estaba plasmada en la diosa, en la diosa madre. Esto lo dice, entre muchos otros autores, Pepe Rodríguez en su libro Dios nació Mujer.
La invención de un dios masculino creador/controlador (tal como es imaginado aún por la humanidad actual) no comenzó a formalizarse sino hasta el III milenio a. de C. y no pudo implantarse definitivamente hasta el milenio siguiente. Con el transcurso de los siglos pocos a poco se fueron creando la idea de varios dioses y diosas hasta llegar al único dios varón de nuestra actual cultura, producto del reflejo del poder del hombre sobre las mujeres.
Sé fehacientemente que lo que están escuchando no les gusta, pero a mí me vale padre, lo digo así porque por radio no se debe decir me vale madre.
El vocabulario traduce la concepción de la mujer. Me pregunto ¿Llegará el día en que cuando algo nos gusta digamos “está bien madre”? o ¡madriiiisimo!
En lugar de “le dio en toda su madre” digamos le dio en todo su padre!
O ¡esto es un des-padre!
También podría ser: ¡les dieron un padrazo!
Otra alternativa sería en lugar de ¡qué poca madre! digamos ¡qué poco padre!
Así se podría seguir…
Quiero desligar a las autoridades de Radio Universidad de Colotlán, de mis palabras poco ortodoxas, que atentan contra las buenas costumbres.
Por último deseo ilustrar con dos ejemplos las consecuencias del patriarcado.
Hace cuatro años atrás, cuando aún vivía en Colotlán, un alto funcionario Municipal me argumentaba que él no era machista, porque le había dado permiso a su mujer para que estudiara en el CUNorte.
También comento que en mis tantas intervenciones con pláticas, conferencias y talleres en Colotlán se me han acercado muchas mujeres para contarme cosas de su vida. Algunas me dijeron que tenían problemas ginecológicos, pero que no podían ir al médico porque su marido no las dejaba. No permitía que alguien le vea “sus partes nobles”.
Una de ellas un día dejó de ir, y al preguntar me dijeron que ya había muerto. Sus cinco hijos están distribuidos en casa de la abuelita y sus tías.
¡Claro! Pero eso sí, sus “partes nobles” nunca fueron vistas por nadie más que por su marido.
Si esto no es la apropiación de nuestro cuerpo de mujer ¿Qué es entonces?
Me fue posible visualizar que a la mujer en estos ámbitos se le da poco valor, hay más cuidado hacia el caballo que es atendido por veterinarios que a su propia esposa. ¿O acaso no se le hace una gran inversión en sus monturas piteadas?
No puedo menos que indignarme.
No tengo duda que me van a argumentar que este relato se refiere a las excepciones de la regla. Pero aclaro que no me gusta el atole con el dedo.
Esto es simplemente es uno de los tantos coletazos del patriarcado, que me motiva a pedirle a este viejo infame que deje de mover el rabo.
No se trata de victimizar a una mitad de la población del mundo, poniendo el acento en los hombres como seres crueles, feroces, brutales, desalmados… ellos también son parte perjudicada del sistema patriarcal.
Necesitamos construir un mundo equitativo, donde no exista la posibilidad de que unos dominen a los otros, los hombres a las mujeres, los ricos a los pobres, los poderosos a los sometidos, las mujeres ricas a las mujeres pobres. Confío que todos y todas podamos ponernos de acuerdo y construirlo.
Mis afectos a todos los hombres y todas las mujeres que viven en la zona norte de Jalisco y sur de Zacatecas.
Estoy agradecida por haber nacido hembra y tener la oportunidad de conocer desde las entrañas propias y ajenas, la responsabilidad sororal de ser mujer.
Que mañana sea un día de reflexión, no queremos que nos regalen rosas, queremos que nuestros derechos sean respetados.
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